miércoles, 21 de junio de 2017

el fin de la gira

La gira eterna ha finalizado, quedan algunas grabaciones que lo constatan. No son lugares comunes porque no usamos frases de cajón. Las frases, tanto como los lugares, provienen de los libros, sus multiversos y mundos paralelos; es inevitable. Una esquina de Dublín, una curva en Parque Chas, o la entrada del aeropuerto en Tombuctú (para nosotros Timbuktú) mientras Mr. Bones cuida las monedas que caen en el estuche. Escenarios testigos, no buscados. Recintos mágicos escondidos en los pliegues del tiempo. Audiencias reducidas pero selectas. El idioma es lo de menos, la música prima.

Ahora es el momento de revisar las grabaciones para que sea conocida por el público que nos desconoce (para fortuna de todos). No estábamos muertos, tan solo de parranda.

lunes, 17 de agosto de 2015

adormilados

El lugar donde sobrevivimos nos está matando desde que nacimos. nos han dicho que ese lugar es "nuestro" país, pero es mentira. Desde siempre ha estado presente la represión, como puede dar fe la historia e incluso los libros de García Márquez. Aun así, y tal vez por eso, porque no se puede creer de lo absurda que resulta, las nuevas generaciones siguen repitiendo un bucle eterno, que devora luego a sus hijos, cuando ya queda poco por hacer.

Desde hace quince años vivimos la polarización, la razón no puede fisurarla, la emoción está dormida. ¿Qué papel juegan quienes se dedican a la música en esos momentos eternos y aciagos? Hasta el momento no tenemos una solución que beneficie a todos, o por lo menos a la mayoría. La música en Colombia es sinónimo de parranda y evasión de la realidad. Pareciera que el hálito hitleriano viene impregnado en los acordeones de quienes cantan vallenatos que amansan a las fieras como diría el buen Sabina, y bailamos al ritmo de los fusiles... de cualquier bando. El ¿país? sigue adormilado, nadando en una nata de inmundicia pero intentando no hacer olas.

Los peces argentinos no se dieron el lujo de quedarse dormidos. Conocemos sus voces porque resonaron en nuestros parlantes, y aún los cantamos. Pero no hemos entendido la situación. Hasta que la parca vestida de militar no llegue a tocar a nuestras puertas en las ciudades imbatibles, como le sucedió a los peces argentos, no despertaremos.